¡Bienvenidos/as!

Bienvenidos/as a nuestro Fan Fic, nosotras somos Reira Suzuki y Hiyo Hannako.
Este fan fic es de temática Yuri (lesbian), si no te gusta este género, por favor sal de aquí.
También decir que este fic está compuesto por dos versiónes de cada capítulo: la versión del Uke (el sumiso) y la versión del Seme (el activo).

¡Esperemos que disfruten mucho de nuestros escritos!

¿Cuál es tu personaje favorito?

Aclaración

En el Yuri al igual que en el Yaoi hay una forma de llamar al Sumiso y al Activo. En el Yaoi es "Uke" para el sumiso y "Seme" para el activo, pero en el caso del Yuri cambia y es "Neko" para el sumiso y "Tachi" para el activo.

Dentro del Fan Fic están puestas palabras como "mi seme" o "mi ukecita" entre otras, las usemos porque no sabíamos forma correcta, así que las dejaremos y continuaremos usando estas palabras ya que si no quedaría mal y puede que inentendible.

Capítulo 1.2 - Mi Preciosa Hana (Versión Tachi)

domingo, 30 de enero de 2011

¡Hola!, bueno, les dejo aquí la versión seme del Fan Fic. Recuerden que el fan fic es las dos versiones, no decidan leer solo una de las dos versiones porque las dos forman parte de esto y cada una puede contener cosas que la otra no tiene.



CAPÍTULO 1.2 VERSIÓN REIRA:

Soy Reira Suzuki, una estudiante del instituto Hayanami situado en el centro del distrito de Shibuya, Japón. Desde hace un largo tiempo, cada día observo más detalladamente la vida de mi mejor amiga, Hannako Hiyo. Ella no es muy popular, y tampoco es excelente en los estudios, por lo que en esas dos ramas no destaca mucho. Creo que es un punto a favor mío, ya que en secreto estoy enamorada de ella. Y aunque he tenido varios novios desde que la conozco, nunca me enamoré de verdad más que de ella. No sé si ella sentirá algo por mi... pero algún día la haré mía.

En aquél momento le propuse quedarse a dormir a mi casa, pero ella no hizo caso a mis palabras. Entonces le llamé la atención.

-Hanna-chii, ¿me estás escuchando?- Le pregunté algo molesta, ya que odio que la gente no me escuche.

-¿Eh?, perdona, no estaba atenta, ¿qué me estabas diciendo?- Me preguntó, algo aturdida.

-Eres un caso, Hanna. Te decía que si quieres quedarte a dormir a mi casa hoy y mañana. Así podemos salir por ahí, ahora que ya terminemos todos los exámenes.- Le sonreí.

-Claro, se lo diré a mamá. ¿A la tía no le importará que me quede en vuestra casa?- Ella preguntó eso, a pesar de que las dos sabíamos la respuesta. Me pareció extraño pero lo dejé pasar.

-Sabes que eres como una hija para ella, incluso tienes las llaves de nuestra casa de tantas veces que estás.- Me reí para calmar un poco el ambiente.

-Cierto... bueno, sí. Vale, me quedaré en tu casa. Y, ¿a dónde quieres ir esta noche?- Me preguntó.

-Es una sorpresa. Será nuestro regalo por haber aprobado el curso, ¿te parece?- Le guiñé el ojo.

-Vale, eso lo dejo en tus manos.- Ella me sonrió. Su sonrisa me hizo sonrojar ligeramente.

La campana del instituto sonó, las siguientes clases eran Matemáticas y Ciencias, en verdad odiaba esas dos materias... pero estaba emocionada por lo que esta noche pudiera ocurrir, así que entre mis pensamientos las clases no se hicieron tan duras.

Nuestros asientos están tan lejos... ella se sienta en la misma fila que yo, pero justo en la otra punta de la clase... al lado de la ventana. Miré hacia la pared intentando distraerme un rato de aquél aburrido momento. Me giré hacia ella, estaba tan bonita distraída mirando el cielo azul por la ventana...
Primero de bachillerato era realmente aburrido, a pesar de su complicidad, ya que cada dos por tres nos ponían trabajos y exámenes. Mi vida es bastante monótona, suelo estar siempre en mi mundo, donde Hiyo es mía, y donde puedo abrazarla cada noche en mi cama, mientras nuestros cuerpos se funden en uno solo... Quizá piensen que soy algo extraña ya que a pesar de ser popular no soy muy sociable, hablo con la gente lo justo... más bien son ellos los que me rodean. Mi forma de ser es algo fría, más mis extraños pensamientos que nadie conoce... pero cuando ella se acerca... cuándo ella me habla... mi mundo se vuelve de color rosa. Puede sonar algo cursi, pero eso es lo que siento... la felicidad vuelve a mí, aún cuándo segundos antes pudiera estar casi exhausta de la profunda tristeza que a veces llega a padecer mi corazón. Mi carácter es tranquilo, y mis pensamientos suelen ser depresivos, o sobre mi hana... (Juego de palabras, “Hana” con una “n”, significa flor en japonés y “Hannako” es su nombre).
Siempre le explico las cosas que ella no entiende de alguna asignatura, desde el primer momento en que me pidió ayuda, me juré que estudiaría plenamente para poder darle clases a mi amada... y así tener otra de las tantas escusas para estar a su lado... Creo que ella podría estudiar perfectamente sola, siempre ha sido buena estudiante aunque no fuera de élite, sin embargo no me preocupo mucho por eso... porque así en aquellas cortas horas puedo tomar su completa atención.

De nuevo la campana del instituto sonó anunciando el final de las clases, las horas se me habían pasado realmente rápido, sin apenas hacer nada. Ordené mis cosas y las coloqué dentro de mi mochila. Unas amigas de otra clase se acercaron a mí y empecemos a conversar.

-Mira, ayer me compré este juego nuevo.- Me dijo Erika, un año mayor que yo, y viciada a los videojuegos.

-¡Ya me dejarás jugar!- Le dije sonriendo.

Otra de mis amigas me explicó algo que le había ocurrido, ya que entre nosotras nos explicábamos toda clase de sucesos.

-¿Sabes, Rei-chan?- Me preguntó. -Estoy saliendo con Ikuto-kun, el chico más popular de todo el instituto.- Dijo sonrojada Aki, un año inferior a mí.

En ese momento me alegré por ella, y se lo hice saber. Pero sólo podía pensar en la mala suerte que yo tenía por no tener esa misma relación con Hanna... En cierto modo mucha gente se reunía siempre alrededor mía por su admiración hacia mí, así que tenía pocos amigos de verdad, solamente Erika, Aki y mi preciosa Hana.
Me despedí de ellas y me dirigí a las taquillas, para cambiarme de zapatos, ya que los del instituto y los de la calle son distintos. Entonces me giré y vi a Hanna, nuestras taquillas también estaban muy separadas. Decidí llamar su atención:

-¡Hanna-chii!- Grité. Ella no hizo caso, pensé que quizá no me había escuchado, así que me acerqué a ella.

-Te llamo y no me contestas, ¡mala!- Le dije haciendo pucheros y saltando sobre ella. Entonces le apreté los mofletes con los dedos. -¿Vamos a la pastelería-cafetería?. Me apetece comer los dulces de la tía, son mi vicio últimamente.- Le dije sonriendo.

-Claro, así le diré a mamá que me quedo a tu casa.- Ella también me sonrió.

Fuimos hacia la pastelería de su madre, mientras hablábamos de las tonterías de cada día. Cuándo por fin llegamos, ella saludó a sus padres, me acerqué a ellos y también los saludé.

-¿Mamá, me puedes traer dos pastelitos y unos tés?- Le preguntó Hanna.

-Claro cariño, tú misma escoge los que más te gusten, y ahí tienes la tetera, sírvete. Ahora no estoy disponible, hay bastantes clientes que atender.- Sonrió, y luego se fue.

-Vale mamá, no hay problema.- Contestó Hanna, luego agarró dos pasteles y unas tazas de té, y las colocó en la mesa. Seguidamente fue por el té y lo sirvió.

-Gracias.- Le agradecí a Hanna con una sonrisa.

Cuando terminamos de tomar la merienda Hanna fue a decirle a su madre que se quedaría en mi casa, y ella asintió a buenas y le dio 30€ para sus propios gastos. Después de despedirnos fuimos a mi casa, donde estuvimos un rato jugando al Dance Factory, y al Sing Star. Ella se veía muy feliz...
Pronto se hizo de noche y mis padres no tardarían en llegar. Entonces la puerta de la entrada se abrió, eran ellos. Empezamos a cenar, y entonces le pedí a Hanna que subiera antes a la habitación, quería hablar a solas con mis padres.

-Mamá, papá.- Les llamé la atención. -Esta noche me gustaría ir a un lugar especial con Hanna, ya que las dos aprobemos los exámenes y le quise hacer esta sorpresa.- Les intenté convencer.

-¿Y donde vais a ir, cariño?- Me preguntó algo preocupada.

-A la discoteca nueva que abrieron.- Dije algo angustiada por su respuesta.

Mi madre asintió algo preocupada, pero mi padre se negó rotundamente.

-No dejaré que mi preciosa niña se vaya de fiesta con una amiga a un lugar tan peligroso.-

Mi padre me hizo hacer pucheros, a pesar de ser tan fuerte no me gustaba para nada que me llevaran la contraria de esta forma. Pero mi madre intervino.

-Cariño, déjala salir. Es una ocasión especial, y nunca ha ido a ningún lugar.- Le reprochó.

Entonces mi padre no tuvo más remedio que aceptar.

-De acuerdo, pero volver pronto.-

Gracias a mi madre, esta noche podría salir con ella. Nuestra noche especial aún estaba por comenzar.

Fui hacia mi habitación, entré y me encontré a Hanna sobre la cama, entonces salté sobre ella y la comencé a desnudar.

-¿Qué haces?.- Me preguntó, notoriamente sonrojada.

-¿No lo ves?.- Le reproché, disfrutando de la situación. Ya que podía tocarla sin que nada fuera sospechoso. -Te estoy desvistiendo. Te dejaré algo de ropa, más o menos usas mi talla así que te valdrá.-

Cuando terminé de vestirla ella estaba preciosa... aquél vestido ajustado y sin tirantes marcaba su figura espectacular, y se veía tan preciosa y radiante como el sol. Ella fue a mirarse en el espejo, aquél maquillaje con el que pinté su rostro le favorecía mucho.
Yo ya estaba arreglada, usé un vestido a contraste con ella, de color blanco y de una sola tira.

-¿Para qué nos vestimos así? - Me preguntó algo desconcertada.

-Para la ocasión.- Le respondí intentando no decir más de la cuenta.

-¿A dónde vamos? - Siguió preguntando, esperando una respuesta coherente.

-Lo verás cuándo lleguemos.- Insistí.

La arrastré fuera de casa y me la llevé en taxi hasta el lugar. El ruido de la discoteca era muy penetrante. Entremos sin problemas, adentro el estruendo de la música aún era más ensordecedor. Estaba emocionada porque quería que Hanna se lo pasara bien, y deseaba que ella se animara como yo lo estaba. Le sonreí muy contenta, le agarré de la mano y la llevé hasta la barra.

-¿Qué queréis tomar?- Preguntó el camarero gritando, que apenas escuchemos su voz.

-Unos chupitos.- grité.

-¿De qué? - Preguntó nuevamente le camarero.

-De lo que tú elijas.- Le dije, no importándome ese pequeño detalle.

Ella parecía divertirse, aunque seguía algo tímida. Un minuto después nos sirvió el pedido.

-¿Quieres que beba eso?.- Preguntó Hanna, con esa pura inocencia.

-¿No está claro?, venga, bébelo conmigo.- Le puse ojitos, sabía que no se podía resistir a ellos.

Nos tomamos la bebida, en verdad me gustaba demasiado ese fuerte sabor, así que pedí más. Luego me di cuenta de que ella estaba un poco sobria así que dejé de beber y la incité a bailar. Luego, unos chicos me invitaron a un baile, y de lo animada que estuve no pensé en nada y le dije a Hanna que fuera a buscar otra pareja de baile.
Aquellos chicos en verdad estaban animados, nuestros cuerpos se rozaban, y nuestros pasos se unían al son de la música. Dos hombres y una mujer... algo de lo que quizá tarde me di cuenta. Cuándo la canción acabó abandoné a aquellos dos barones y me acerqué a la barra, donde estaba Hanna, profundamente dormida. La agarré y le la llevé del lugar, entonces arrepentida, le susurré...

-Lo siento Hanna, no pensé en ti esta vez.-

La llevé a un motel, la eché en la cama de la habitación que alquilé y me subí encima suyo. Entonces la llamé para intentar despertarla.

-¿Hanna-chii?- Pero ella no despertaba.

De nuevo intenté despertarla.

-¿Tienes ganas de jugar?- Entonces ella abrió los ojos.

La até con unos trapos a la cama y la besé mientras la desnudaba. Le desabroché el sujetador y comencé a masajearle los pechos. Le sonreí y luego le lamí los pezones.

-U.uhh...- Ella ligeramente gimió, sus gemidos eran tan... excitantes. -M-mis pezones...- Enrojeció, en ese momento supe que no podía parar.

Con una de las manos le bajé las braguitas, entonces alcé la cabeza para ver su rostro y le dije...

-Mi niña, ¿Qué quieres que te haga?, tienes que escoger.-

-Y-yo...- Desvió su mirada hacia la ventana. - Qu-quiero ser tuya...- Se puso más colorada de lo que estaba, era demasiado hermosa...

En la mesita de la habitación había una vela roja, la encendí y comencé a echarle a mi Hana la cera líquida por encima de sus pechos.

-Hanna-chan.- Le dije con una lujuriosa voz. -¿Te gusta esto? - Sonreí descaradamente.

-¿Qu-qué haces?, ¿¡Qué haces con esa cera!?- Gritó impactada. Sabía que reaccionaría así, pero esa noche era especial... esa noche sería la primera vez que la haría mía.

-¿No lo ves?, me estoy divirtiendo.- Le aclaré con una maliciosa sonrisa.

-Bueno... confiaré en ti...- Ella cerró los ojos, pero por más asustada que estuviera no iba a parar, tampoco iba a dañarla.

Le lamí los labios y la besé. Ella me devolvió el beso. Entonces bajé la mano hacia las partes de Hanna. Ella gemía, y hacía unos sonidos tan excitantes que hacían que no pudiera contener mis ganas de poseerla.
Entonces me di cuenta de que su orificio ya estaba preparado, así que le hice saber.

-Nee, pronto estarás lista para que entre con “eso” dentro de ti.- Sonreí.

-¿Qué cosa?, ¿A qué te refieres!?.- Dijo paralizada. En verdad dramatizaba mucho, pero eso era una de las cosas que más me gustaban de ella.

-Esta “cosa”.- Le dije, mientras la rebuscaba en mi bolso. Encontré el consolador negro y se lo mostré. -Lo compré especialmente para ti. Prepárate.-

La agarré de las piernas y las abrí, luego introducí el consolador lentamente en Hanna, después lo hundí del todo. Ella soltó un excitante gemido, y yo satisfecha reí.

-Nee, ¿te gusta?.- Le pregunté mientras lo movía dentro suyo. Ella no paraba de gemir, entre más gemía más ganas me daban de seguir y seguir moviéndolo rápido.

-¡¡K-kyaaahh!! ¡Eso es demasiado grande, no!.- Se quejó exhausta. -¡L-los trapos me hacen un poco de daño en las muñecas, y la cera molesta en mis pechos!. ¡Esto es extraño!- Dijo finalmente.

-Hanna-chan... esto, es solo el principio.- Empecé a reír, sabiendo lo mucho que las dos lo estaban disfrutando.

Volví a rebuscar en mi bolso, entonces saqué unas manillas y la até en la cama quitándole los trapos, pensando que quizá así le dolería menos.

-Ahora cambiaré de objeto.- Le aclaré.

Rebusqué de nuevo en el bolso, y saqué unos mini-vibradores eléctricos. Me desprendí del consolador e introducí uno de los mini-vibradores dentro de la vagina de Hanna, y el otro lo coloqué sobre su clítoris. Ella gemía y se estremecía. Un rato después de observar sus reacciones decidí cambiar de lugar los objetos y los coloqué en sus pezones, que rápidamente se tornaron duros.

-¿Te gusta esto, nee?, ¿te gusta?.- Le dije algo impaciente.

Recorrí todo su cuerpo con mis dedos, notaba como se le erizaba la piel, se estremecía con tan ligeros toques, y yo disfrutaba viéndolo y sintiéndolo.
Le comencé a lamer el clítoris, ella se estremecía sin poder controlarse. Entonces introducí dos de mis dedos dentro de Hanna. Los sofocos eran cada vez más fuertes y sus gemidos eran imparables.

-Reira... no quiero sentirme bien sólo yo...- Dijo repentinamente entonces.

Yo paré, y le pregunté...

-¿Y qué propones? - Mientras lamía su vientre sensualmente.

Con las manos le aparté la cera de su cuerpo, estaba pegada pero me excitaba aquella manual “tarea”. Cuándo limpié la zona de aquél rojizo y pegajoso material, le empecé a lamer lentamente los pezones, y a mordisquearlos. Era casi imposible... pero sus pezones se ponían aún más duros de lo que ya estaban. Estaba extasiado de poder sentir aquellas maravillas del cuerpo de su amada. Entonces le solté las manillas y me coloqué a cuatro patas sobre ella. Mi rostro estaba sobre su vagina, y el suyo bajo la mía. Ella empezó a lamer mi clítoris, luego introdujo su lengua dentro de mi orificio y la movió. Yo, sin poder controlarme empecé a gemir y a estremecerme, estaba realmente excitada.

-Nee... lo haces muy bien... ¿Dónde aprendiste?.- Le pregunté sofocadamente.

Entonces ella sacó su lengua de mi agujero y dijo...

-En verdad nunca lo hice, tan solo sigo mi instinto y hago lo que creo.- Entonces siguió con lo suyo.
Los dedos que introdujo dentro de mi vagina hicieron que casi me corriera, pero aguanté, no quise hacerlo antes que mi amada. Me lamía mientras movía más y más rápidamente sus dedos y su lengua. Metió los dedos hasta el fondo y los movió haciendo círculos, yo lamía su clítoris delicada pero rápidamente. Le introduje dos de mis dedos en su orificio y empecé a moverlos de arriba abajo y en círculos.
Finalmente lo dije...

-Hanna... ¡M-me vengo...!.- Dije, sin dejar de moverme.

-Y-yo también estoy a punto...- Aclaró entre sofocos.

Entonces solté un enorme y largo gemido, y me corrí en su boca.

-Lo... lo siento...- Me disculpé algo enrojecida. Al final terminé antes que ella, pero no dejé de mover mis dedos dentro suya...

-N-no pasa nada.- Dijo mientras se tragaba el transparente pero viscoso líquido que salió de mi vagina.

-Gracias.- Le respondí sonrojada.

En aquél momento ella se sonrojó, y empecé a lamer el líquido que salió de su clítoris, intentando lamer cada gota que derramaba.

-Hanna-chii... Está rico.- Le dije lamiéndome los labios.

Ella me sonrió. Estaba muy cansada, así que se acabó durmiendo segundos después.


A la mañana siguiente no pude creer lo que había ocurrido. La noche anterior acabé teniendo sexo con mi preciosa amada... Me giré y miré su rostro dormido, ella era preciosa... Era inmensamente feliz, esa era la situación con la que siempre soñé.
Ella se despertó, la miré y le sonreí. Entonces le di los buenos días.

-Buenos días, Hanna-chii. ¿Has dormido bien después de “aquello”?.- Me apoyé en una mano, mientras me acomodaba en la cama.

¿En verdad esto era real?, no podía creer que ella estuviera ahí... sólo para mi... sólo mía...
Leer completo...

Capítulo 1.1 - Mi Preciosa Rei (Versión Neko)


¡Hola!, bueno, les dejo el primer capítulo. Esta es la versión 1 del capítulo 1 donde se ven los sucesos desde la perspectiva del Uke (Hiyo Hannako). Lean la continuación que es la versión 2 del capítulo 1 ^-^.



CAPÍTULO 1.1 VERSIÓN HIYO:
Mi mejor amiga de instituto y yo tenemos la misma edad y somos un poco parecidas en el carácter, ella es Reira Suzuki, una chica popular, sociable y muy guapa, y encima, era una de las 10 mejores estudiantes de toda la escuela. Tenía mucha suerte de que nos conociéramos desde muy pequeñas. Lo que ella no sabía, y lo que yo nunca le contaría, era que estaba profundamente enamorada de ella. Reira ya había tenido varios novios, cada uno mejor que el anterior, y muy bueno en su campo, yo ahí no tenía nada que hacer, era una batalla perdida, solo podía seguir siendo su amiga y estar a su lado. Así pensaba yo, y aquí sigo, con mi amor no correspondido…


-Hanna-chii, ¿me estás escuchando?-preguntó alguien. Salí de mis pensamientos.


-¿Eh? Perdona, no estaba atenta, ¿qué me estabas diciendo?- le pregunté, algo aturdida.


-Eres un caso, Hanna. Te decía que si te quieres quedar a dormir en mi casa hoy y mañana. Así salimos por ahí, ahora que ya hemos acabado los exámenes.- sonrió.


-Claro, se lo diré a mamá. ¿A la tía no le importará que me quede en vuestra casa?- ya sabía la respuesta a esa obvia pregunta, pero tenía que intentar mantener un poco de distancia con mi amada.


-Sabes que eres como una hija para ella, si hasta tienes las llaves de nuestra casa, de tantas veces que estás.- se rió, su sonrisa me deslumbró.


-Cierto… Bueno, sí, vale, me quedaré en tu casa. ¿Y a donde quieres ir esta noche?- estaba intrigada, no acostumbrábamos a salir, sólo a dar una vuelta al barrio y a jugar en su casa o en la mía.


-Eso es una sorpresa. Será nuestro regalo por haber aprobado el curso, ¿te parece?- me guiñó un ojo.


-Vale, lo dejo en tus manos eso.- le sonreí.


La campana sonó, y nos volvimos a la clase. Dos últimas horas de clase. Matemáticas y Ciencias sociales, intentaría no pensar mucho en ello…


Mi clase está en el tercer piso, mi asiento es el de la última fila, la mesa de la ventana, Reira-san se sienta también en tercera fila, pero en el lado opuesto de la clase. Día soleado, el cielo está despejado de nubes, no como mi cabeza. Os preguntareis como me llamo, fácil pregunta de sencilla respuesta. Os haré una breve presentación. Mi nombre es Hiyo Hannako, tengo 16 años y estoy en 1º de Bachillerato. Soy una chica de lo más normal, paso desapercibida por donde voy. Tengo la suerte de tener unas pocas amigas, y buenas, una de ellas es la chica más popular de esta escuela, y de tantas otras. Ya podéis haberos dado cuenta de que soy algo “distinta” a los demás, sí, me gusta mi mejor amiga. ¿Qué pensáis? ¿Qué es imperdonable? ¿Qué no se hace eso? Lo sé, así que no me hace falta que otros me lo digan. ¿Por qué estoy metida en mi mundo en horas de clase? No me interesan para nada estas clases, no me servirán para nada, además, así puedo pasar más tiempo con ella, me hace de profesora particular y me explica lo que no entiendo, estudiamos juntas todos los días, después de clase. Otra excusa, pensareis, un poco sí. No seré la chica más lista de la escuela, pero no me hace falta estudiar mucho para aprobar, ni siquiera atender, solamente tomo apuntes, con eso me basta.


Otra campanada anunciando el final de la clase. Me levanté y guardé mis cosas en la mochila. Reira estaba hablando con unas chicas de otra clase. Bien, más admiradoras suyas, me sacaba de quicio todas esas niñas que solo se fijaban en su aspecto exterior y no sabían absolutamente nada de ella. En la entrada me coloqué los zapatos de calle. Aunque no fuera un instituto impuesto por el uniforme, para movernos por dentro de la escuela, usamos zapatos distintos a los de la calle. Me apoyé en mi taquilla con la cabeza, descansándola un rato.


-¡Hanna-chii!- chillaron. Reconocí la voz, pero no tenía ganas de mover de lugar mi cabeza. Alguien saltó encima de mí, abrazándome por el cuello.- Te llamo y no me contestas, ¡mala!- hizo pucheros.- giré la cara hacia ella, le apreté los mofletes con dos dedos, se desinflaron, comenzó a reírse- ¿Vamos a la pastelería-cafetería? Tengo ganas de comer los dulces de la tía. Son mi vicio.- esbozó una sonrisa.


-Claro, así le diré a mamá que me quedo en tu casa.- también sonreí.


Fuimos hacia el negocio de mi madre hablando de trivialidades. Cuando llegamos, le di un beso a mi madre y a mi padre, mi hermano debía estar con sus amigos. Reira también saludó a mis padres con dos besos y ánimos.


-¿Mamá, me puedes dar dos pastelitos y unos tés?- pregunté.


-Claro cariño, tú misma, elige los que más te gusten, y tienes la tetera ahí, sírvete. Yo ahora no puedo, hay bastantes clientes que atender.- me sonrió.


-Vale mamá, no hay problema.- cogí dos pasteles y unas tazas de té y las coloqué en la mesa, luego fui a por el té y lo serví, devolví la tetera a su sitio.


Comimos la merienda tranquilamente, más tarde le dije a mamá que me quedaría con Reira en su casa. Me dio 30 € para el fin de semana, luego me besó la frente, mi padre igual. Salí de allí de muy buenos ánimos. Cuando llegamos a su casa comenzamos a jugar al dance factory y al sing star. Se comenzó a hacer de noche, tía y tío no tardaría en llegar a casa. Fuimos bajando a la cocina y preparando la cena. La puerta de la entrada se abrió, era hora de cenar. Preparé la mesa. Nos saludaron con unos abrazos. Comimos en tranquilidad. Reira me hizo subir antes que ella, quería decirles algo a sus padres, no reproché. Me subí a su habitación y me quedé tumbada en su cama, esperando. Miré su reloj, las 11 de la noche. El tiempo había pasado volando. Entró en la habitación como un rayo y se subió encima de mí. Me comenzó a quitar la ropa, me quedé petrificada.


-¿Qué haces?- pregunté, enrojeciendo.


-¿No lo ves? Te desvisto Tengo que dejarte algo de ropa. Más o menos usas mi talla, valdrá.- no entendía nada, pero la dejé hacer.


Cuando terminó toda aquella locura, me vi en el espejo. Llevaba un vestido negro ajustado y sin tirantes, unas sandalias de tacón y una mini chaqueta. Me había arreglado el pelo, pasándolo de un lado a otro, recogido con unas pinzas de lado. Me maquilló de forma notable pero natural. Esa no parecía yo.


No me dio tiempo a decirle nada, ya estaba arreglándose ella. Cuando terminó, estaba preciosa. Un vestido blanco de un solo hombro, sandalias blancas de tacón. Pelo suelto son algunos adornos y maquillaje más notable que el mío. Le sentaba genial. Paré de babear por un momento y comencé el interrogatorio.


-¿Para qué nos vestimos así?


-Para la ocasión.


-¿A dónde vamos?


-Lo verás cuando lleguemos.- me quedé en las mismas.


Me hizo salir de casa y despedirme de sus padres. Nos fuimos en taxi hasta una zona muy ruidosa. Cuando salí del taxi vi el porqué, una discoteca. Nos dejaron entrar sin problemas. La música era ensordecedora. Aquello estaba repleto de adolescentes animados, enamorados, borrachos… Me quedé a cuadros. Reira sonreía de pura euforia. Me cogió de la mano y me llevó a través de la gente, hasta la barra.


-¿Qué queréis tomar?- preguntó el camarero.


-Unos chupitos.- chilló Reira. No se oía nada con la música tan fuerte.

-¿De qué?

-De lo que tú elijas.- sonrió.


Un minuto más tarde ya lo teníamos servido.


-¿Quieres que me beba eso?- pregunté, mirando la bebida.

-¿No está claro? Venga bébelo conmigo.- me puso ojitos. No le pude decir que no.

Nos lo tomamos, estaba malísimo. Reira pidió más bebida, no sabía lo que era, pero me hizo beberlo. La bebida en poco tiempo me comenzó a subir, no estaba acostumbrada al alcohol. Ella se puso a bailar, y me arrastró a mí también. Me sentía fuera de lugar, pero aguanté. La invitaron a bailar un par de chicos, me dijo que buscara a alguien con quien bailar durante un rato. No quería. Me pedí más bebida, lo primero que me pusieran delante. Creo que me quedé dormida.

-¿Hanna-chii?- escuché, no abrí los ojos, me pesaban los párpados.

No escuché nada más, me quedé grogui al instante.

-¿Tienes ganas de jugar?- reconocí la voz, pero esta vez era pícara.

Me atreví a dar una respuesta favorable. Abrí los ojos, era Reira, estaba encima de mí. No reconocí la habitación. La vi atarme las manos a la cama. Me besó varias veces, metiendo su lengua en mi boca, mientras, me iba desnudando, sólo hacía falta tirar el vestido hacia abajo para quitármelo. Me desabrochó el sujetador y comenzó a tocarme los pechos, me estremecí. Ella sonrió. Bajó un poco y comenzó a lamerme los pezones.

-U-uhh…-me excité-M-mis pezones…-enrojecí.

Con una de las manos me bajó las braguitas. Levantó la cabeza y se quedó quieta.

-¿Mi niña, qué quieres que te haga? Tienes que escoger.- aguardó.

-Y-yo…-miré hacia la ventana-Q-quiero ser tuya…- me puse más roja de lo que estaba.


Había una vela roja en la mesilla de noche, estaba encendida. Ella la cogió y comenzó a echar encima de mis pechos la cera líquida.

-Hanna-chan.- dijo con voz lujuriosa- ¿Te gusta esto?- sonrió con malicia.

-¿Q- qué haces? ¿¡Qué haces con esa cera!?- medio chillé, impactada. La cera de mis pechos comenzaba a endurecerse, era incómodo.

-¿No lo ves? Estoy divirtiéndome.- una sonrisa más malévola que la anterior, y también más sexy. No pude decirle que no.

-Bueno… Confiaré en ti…- cerré los ojos, prefería no mirar.

Me lamió los labios, los besó, le devolví el beso. Bajó la mano por mi tripa, luego puso su mano en mis partes. Me sonrojé, intenté no gemir, cerré la boca como pude, pero salían de mi boca sonidos extraños.

-Nee, pronto estarás lista para que entre con “eso” dentro de ti.- sonrió.

-¿Qué cosa? ¿A qué te refieres?- quedé paralizada.

Me miró, y sonrió todavía más.

-Esta “cosa”.- rebuscó en su bolso y sacó algo negro, me fijé, era un consolador. Me puse como un tomate- Lo he comprado especialmente para ti.- me comenzó a asustar ese lado suyo.- Prepárate.- no lo entendí, hasta que lo hizo.

Me cogió de las piernas y las abrió, luego introdujo el consolador, lentamente en mí, luego lo metió del todo. Solté un gemido estruendoso. Se rió.

-Nee, ¿te gusta?- preguntó, moviéndolo dentro de mi.- no podía parar de gemir.- Mierda… me estoy calentando…pensé que aguantaría un poco más.- Comenzó a moverlo más y más rápido.


-¡¡K-kyaaahh!! ¡Eso es demasiado grande, no! ¡L-los trapos me hacen un poco de daño en las muñecas, y la cera molesta en mis pechos! ¡Esto es extraño!- chillé, excitada, sí, pero también algo asustada.


-Hanna-chan… Esto, es solo el principio.- comenzó a reírse sola.

Volvió a rebuscar en su bolso, de ahí sacó unas manillas, puso la primera en mi muñeca, desatándome de los trapos, cogió la otra con fuerza, para que no me escapara, y puso la otra manilla, cerrándolas.

-Ahora cambiaré de objeto.- tenía cara de estar divirtiéndose.

Volvió a rebuscar, y sacó unos mini-vibradores eléctricos. Luego, sacó el consolador que había utilizado antes, que aún seguía dentro de mí y lo dejó a un lado. Me colocó uno de los mini-vibradores en mi clítoris, el otro me lo introdujo. Me estremecí y gemí. Un rato después los quitó de ahí y los posó en mis pezones. Se endurecieron.

-¿Te gusta esto, nee? ¿Te gusta?- fue bajando por mi cuerpo, recorriéndolo con los dedos. Me estremecía a cada segundo por el contacto de su piel con la mía.

Comenzó a lamer mi clítoris, comencé a estremecerme, sin poder controlarme. De repente introdujo dos dedos dentro mío. Estaba perdiendo la razón. No tenía ni fuerzas ni ganas de frenarla. Me dejé llevar.

-Reira… No quiero sentirme bien sólo yo…-dije con dificultad, ella paró. Seguro que estaba rojísima.


-¿Y qué propones?- preguntó, lamiendo mi barriga con su lengua, haciendo que me estremeciera.

Con la mano quitó la cera de mis pechos y comenzó a lamerlos, lentamente, me los mordió un poco. Estaban poniéndose aún más duros. Me soltó las manillas, y supo lo que tenía que hacer. Se colocó a cuatro patas encima de mí. Me decidí a hacerlo. Le cogí las piernas, colocadas a ambos lados de mi cabeza, subí mis manos un poco, lamí su clítoris, luego introduje mi lengua en ella y la moví con fuerza. Reira comenzó a gemir y a estremecerse, sonreí.

-Nee… Lo haces muy bien… ¿Dónde aprendiste?- preguntó, sofocada.

Saqué mi lengua de ella.


-En verdad nunca lo hice, tan solo sigo mi instinto y hago lo que creo.- seguí con lo mío. Introduje dos dedos dentro suya y le fui lamiendo. Me comencé a mover más rápido, tanto mi lengua como mis dedos. Comenzó a lamerme mis partes e introdujo sus dedos dentro. Los metió hasta el fondo, comenzó a moverlos haciendo círculos. Estaba por venirme, pero seguí lamiéndola.


-Hanna… ¡M-me vengo…!- dijo, sin dejar de moverse.

-y-yo también estoy a punto…- estaba muy excitada y sofocada.

Soltó un enorme gemido, muy sensual, se corrió en mi boca.


-G-gomen nee…- se disculpó, roja. No dejó de mover sus dedos dentro mío.

-N-no pasa nada.- me lo tragué, con gusto- Ummm… es dulce.- sonreí.

-Gracias.- se sonrojó.

Su sonrisa hizo que no me pudiera contener, y me corrí, salpicándola un poco. Me miró, sonrió y lamió mis partes, limpiándolas con su lengua.

-Hanna-chii… Está rico.- se lamió los labios.

Sonreí de felicidad. Estaba agotada, caí rendida al segundo.

Desperté, el sol me daba en la cara, cegándome. <<Bonito sueño, ya no puedo ser más pervertida… A ver cómo puedo mirarla mañana a la cara sin acordarme de este sueño húmedo…>> pensé medio desquiciada. Algo se movía a mi lado, miré. Me quedé petrificada. Era Reira, estaba desnuda… sólo tapada con una sábana. Me fijé, había objetos en la cama, eran… ¡juguetes eróticos! Me quedé de piedra. Luego me miré, también estaba desnuda… No podía ser… Mi cerebro comenzó a atar cabos sueltos. Ella se movió, me asusté. Se giró hacia mí y sonrió.

-Buenos días, Hanna-chii, ¿has dormido bien después de “eso”?- se apoyó sobre una mano, tumbada.

No podía ser real…
Leer completo...