¡Hola!, bueno, les dejo aquí la versión seme del Fan Fic. Recuerden que el fan fic es las dos versiones, no decidan leer solo una de las dos versiones porque las dos forman parte de esto y cada una puede contener cosas que la otra no tiene.
CAPÍTULO 1.2 VERSIÓN REIRA:
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CAPÍTULO 1.2 VERSIÓN REIRA:
Soy Reira Suzuki, una estudiante del instituto Hayanami situado en el centro del distrito de Shibuya, Japón. Desde hace un largo tiempo, cada día observo más detalladamente la vida de mi mejor amiga, Hannako Hiyo. Ella no es muy popular, y tampoco es excelente en los estudios, por lo que en esas dos ramas no destaca mucho. Creo que es un punto a favor mío, ya que en secreto estoy enamorada de ella. Y aunque he tenido varios novios desde que la conozco, nunca me enamoré de verdad más que de ella. No sé si ella sentirá algo por mi... pero algún día la haré mía.
En aquél momento le propuse quedarse a dormir a mi casa, pero ella no hizo caso a mis palabras. Entonces le llamé la atención.
-Hanna-chii, ¿me estás escuchando?- Le pregunté algo molesta, ya que odio que la gente no me escuche.
-¿Eh?, perdona, no estaba atenta, ¿qué me estabas diciendo?- Me preguntó, algo aturdida.
-Eres un caso, Hanna. Te decía que si quieres quedarte a dormir a mi casa hoy y mañana. Así podemos salir por ahí, ahora que ya terminemos todos los exámenes.- Le sonreí.
-Claro, se lo diré a mamá. ¿A la tía no le importará que me quede en vuestra casa?- Ella preguntó eso, a pesar de que las dos sabíamos la respuesta. Me pareció extraño pero lo dejé pasar.
-Sabes que eres como una hija para ella, incluso tienes las llaves de nuestra casa de tantas veces que estás.- Me reí para calmar un poco el ambiente.
-Cierto... bueno, sí. Vale, me quedaré en tu casa. Y, ¿a dónde quieres ir esta noche?- Me preguntó.
-Es una sorpresa. Será nuestro regalo por haber aprobado el curso, ¿te parece?- Le guiñé el ojo.
-Vale, eso lo dejo en tus manos.- Ella me sonrió. Su sonrisa me hizo sonrojar ligeramente.
La campana del instituto sonó, las siguientes clases eran Matemáticas y Ciencias, en verdad odiaba esas dos materias... pero estaba emocionada por lo que esta noche pudiera ocurrir, así que entre mis pensamientos las clases no se hicieron tan duras.
Nuestros asientos están tan lejos... ella se sienta en la misma fila que yo, pero justo en la otra punta de la clase... al lado de la ventana. Miré hacia la pared intentando distraerme un rato de aquél aburrido momento. Me giré hacia ella, estaba tan bonita distraída mirando el cielo azul por la ventana...
Primero de bachillerato era realmente aburrido, a pesar de su complicidad, ya que cada dos por tres nos ponían trabajos y exámenes. Mi vida es bastante monótona, suelo estar siempre en mi mundo, donde Hiyo es mía, y donde puedo abrazarla cada noche en mi cama, mientras nuestros cuerpos se funden en uno solo... Quizá piensen que soy algo extraña ya que a pesar de ser popular no soy muy sociable, hablo con la gente lo justo... más bien son ellos los que me rodean. Mi forma de ser es algo fría, más mis extraños pensamientos que nadie conoce... pero cuando ella se acerca... cuándo ella me habla... mi mundo se vuelve de color rosa. Puede sonar algo cursi, pero eso es lo que siento... la felicidad vuelve a mí, aún cuándo segundos antes pudiera estar casi exhausta de la profunda tristeza que a veces llega a padecer mi corazón. Mi carácter es tranquilo, y mis pensamientos suelen ser depresivos, o sobre mi hana... (Juego de palabras, “Hana” con una “n”, significa flor en japonés y “Hannako” es su nombre).
Siempre le explico las cosas que ella no entiende de alguna asignatura, desde el primer momento en que me pidió ayuda, me juré que estudiaría plenamente para poder darle clases a mi amada... y así tener otra de las tantas escusas para estar a su lado... Creo que ella podría estudiar perfectamente sola, siempre ha sido buena estudiante aunque no fuera de élite, sin embargo no me preocupo mucho por eso... porque así en aquellas cortas horas puedo tomar su completa atención.
De nuevo la campana del instituto sonó anunciando el final de las clases, las horas se me habían pasado realmente rápido, sin apenas hacer nada. Ordené mis cosas y las coloqué dentro de mi mochila. Unas amigas de otra clase se acercaron a mí y empecemos a conversar.
-Mira, ayer me compré este juego nuevo.- Me dijo Erika, un año mayor que yo, y viciada a los videojuegos.
-¡Ya me dejarás jugar!- Le dije sonriendo.
Otra de mis amigas me explicó algo que le había ocurrido, ya que entre nosotras nos explicábamos toda clase de sucesos.
-¿Sabes, Rei-chan?- Me preguntó. -Estoy saliendo con Ikuto-kun, el chico más popular de todo el instituto.- Dijo sonrojada Aki, un año inferior a mí.
En ese momento me alegré por ella, y se lo hice saber. Pero sólo podía pensar en la mala suerte que yo tenía por no tener esa misma relación con Hanna... En cierto modo mucha gente se reunía siempre alrededor mía por su admiración hacia mí, así que tenía pocos amigos de verdad, solamente Erika, Aki y mi preciosa Hana.
Me despedí de ellas y me dirigí a las taquillas, para cambiarme de zapatos, ya que los del instituto y los de la calle son distintos. Entonces me giré y vi a Hanna, nuestras taquillas también estaban muy separadas. Decidí llamar su atención:
-¡Hanna-chii!- Grité. Ella no hizo caso, pensé que quizá no me había escuchado, así que me acerqué a ella.
-Te llamo y no me contestas, ¡mala!- Le dije haciendo pucheros y saltando sobre ella. Entonces le apreté los mofletes con los dedos. -¿Vamos a la pastelería-cafetería?. Me apetece comer los dulces de la tía, son mi vicio últimamente.- Le dije sonriendo.
-Claro, así le diré a mamá que me quedo a tu casa.- Ella también me sonrió.
Fuimos hacia la pastelería de su madre, mientras hablábamos de las tonterías de cada día. Cuándo por fin llegamos, ella saludó a sus padres, me acerqué a ellos y también los saludé.
-¿Mamá, me puedes traer dos pastelitos y unos tés?- Le preguntó Hanna.
-Claro cariño, tú misma escoge los que más te gusten, y ahí tienes la tetera, sírvete. Ahora no estoy disponible, hay bastantes clientes que atender.- Sonrió, y luego se fue.
-Vale mamá, no hay problema.- Contestó Hanna, luego agarró dos pasteles y unas tazas de té, y las colocó en la mesa. Seguidamente fue por el té y lo sirvió.
-Gracias.- Le agradecí a Hanna con una sonrisa.
Cuando terminamos de tomar la merienda Hanna fue a decirle a su madre que se quedaría en mi casa, y ella asintió a buenas y le dio 30€ para sus propios gastos. Después de despedirnos fuimos a mi casa, donde estuvimos un rato jugando al Dance Factory, y al Sing Star. Ella se veía muy feliz...
Pronto se hizo de noche y mis padres no tardarían en llegar. Entonces la puerta de la entrada se abrió, eran ellos. Empezamos a cenar, y entonces le pedí a Hanna que subiera antes a la habitación, quería hablar a solas con mis padres.
-Mamá, papá.- Les llamé la atención. -Esta noche me gustaría ir a un lugar especial con Hanna, ya que las dos aprobemos los exámenes y le quise hacer esta sorpresa.- Les intenté convencer.
-¿Y donde vais a ir, cariño?- Me preguntó algo preocupada.
-A la discoteca nueva que abrieron.- Dije algo angustiada por su respuesta.
Mi madre asintió algo preocupada, pero mi padre se negó rotundamente.
-No dejaré que mi preciosa niña se vaya de fiesta con una amiga a un lugar tan peligroso.-
Mi padre me hizo hacer pucheros, a pesar de ser tan fuerte no me gustaba para nada que me llevaran la contraria de esta forma. Pero mi madre intervino.
-Cariño, déjala salir. Es una ocasión especial, y nunca ha ido a ningún lugar.- Le reprochó.
Entonces mi padre no tuvo más remedio que aceptar.
-De acuerdo, pero volver pronto.-
Gracias a mi madre, esta noche podría salir con ella. Nuestra noche especial aún estaba por comenzar.
Fui hacia mi habitación, entré y me encontré a Hanna sobre la cama, entonces salté sobre ella y la comencé a desnudar.
-¿Qué haces?.- Me preguntó, notoriamente sonrojada.
-¿No lo ves?.- Le reproché, disfrutando de la situación. Ya que podía tocarla sin que nada fuera sospechoso. -Te estoy desvistiendo. Te dejaré algo de ropa, más o menos usas mi talla así que te valdrá.-
Cuando terminé de vestirla ella estaba preciosa... aquél vestido ajustado y sin tirantes marcaba su figura espectacular, y se veía tan preciosa y radiante como el sol. Ella fue a mirarse en el espejo, aquél maquillaje con el que pinté su rostro le favorecía mucho.
Yo ya estaba arreglada, usé un vestido a contraste con ella, de color blanco y de una sola tira.
-¿Para qué nos vestimos así? - Me preguntó algo desconcertada.
-Para la ocasión.- Le respondí intentando no decir más de la cuenta.
-¿A dónde vamos? - Siguió preguntando, esperando una respuesta coherente.
-Lo verás cuándo lleguemos.- Insistí.
La arrastré fuera de casa y me la llevé en taxi hasta el lugar. El ruido de la discoteca era muy penetrante. Entremos sin problemas, adentro el estruendo de la música aún era más ensordecedor. Estaba emocionada porque quería que Hanna se lo pasara bien, y deseaba que ella se animara como yo lo estaba. Le sonreí muy contenta, le agarré de la mano y la llevé hasta la barra.
-¿Qué queréis tomar?- Preguntó el camarero gritando, que apenas escuchemos su voz.
-Unos chupitos.- grité.
-¿De qué? - Preguntó nuevamente le camarero.
-De lo que tú elijas.- Le dije, no importándome ese pequeño detalle.
Ella parecía divertirse, aunque seguía algo tímida. Un minuto después nos sirvió el pedido.
-¿Quieres que beba eso?.- Preguntó Hanna, con esa pura inocencia.
-¿No está claro?, venga, bébelo conmigo.- Le puse ojitos, sabía que no se podía resistir a ellos.
Nos tomamos la bebida, en verdad me gustaba demasiado ese fuerte sabor, así que pedí más. Luego me di cuenta de que ella estaba un poco sobria así que dejé de beber y la incité a bailar. Luego, unos chicos me invitaron a un baile, y de lo animada que estuve no pensé en nada y le dije a Hanna que fuera a buscar otra pareja de baile.
Aquellos chicos en verdad estaban animados, nuestros cuerpos se rozaban, y nuestros pasos se unían al son de la música. Dos hombres y una mujer... algo de lo que quizá tarde me di cuenta. Cuándo la canción acabó abandoné a aquellos dos barones y me acerqué a la barra, donde estaba Hanna, profundamente dormida. La agarré y le la llevé del lugar, entonces arrepentida, le susurré...
-Lo siento Hanna, no pensé en ti esta vez.-
La llevé a un motel, la eché en la cama de la habitación que alquilé y me subí encima suyo. Entonces la llamé para intentar despertarla.
-¿Hanna-chii?- Pero ella no despertaba.
De nuevo intenté despertarla.
-¿Tienes ganas de jugar?- Entonces ella abrió los ojos.
La até con unos trapos a la cama y la besé mientras la desnudaba. Le desabroché el sujetador y comencé a masajearle los pechos. Le sonreí y luego le lamí los pezones.
-U.uhh...- Ella ligeramente gimió, sus gemidos eran tan... excitantes. -M-mis pezones...- Enrojeció, en ese momento supe que no podía parar.
Con una de las manos le bajé las braguitas, entonces alcé la cabeza para ver su rostro y le dije...
-Mi niña, ¿Qué quieres que te haga?, tienes que escoger.-
-Y-yo...- Desvió su mirada hacia la ventana. - Qu-quiero ser tuya...- Se puso más colorada de lo que estaba, era demasiado hermosa...
En la mesita de la habitación había una vela roja, la encendí y comencé a echarle a mi Hana la cera líquida por encima de sus pechos.
-Hanna-chan.- Le dije con una lujuriosa voz. -¿Te gusta esto? - Sonreí descaradamente.
-¿Qu-qué haces?, ¿¡Qué haces con esa cera!?- Gritó impactada. Sabía que reaccionaría así, pero esa noche era especial... esa noche sería la primera vez que la haría mía.
-¿No lo ves?, me estoy divirtiendo.- Le aclaré con una maliciosa sonrisa.
-Bueno... confiaré en ti...- Ella cerró los ojos, pero por más asustada que estuviera no iba a parar, tampoco iba a dañarla.
Le lamí los labios y la besé. Ella me devolvió el beso. Entonces bajé la mano hacia las partes de Hanna. Ella gemía, y hacía unos sonidos tan excitantes que hacían que no pudiera contener mis ganas de poseerla.
Entonces me di cuenta de que su orificio ya estaba preparado, así que le hice saber.
-Nee, pronto estarás lista para que entre con “eso” dentro de ti.- Sonreí.
-¿Qué cosa?, ¿A qué te refieres!?.- Dijo paralizada. En verdad dramatizaba mucho, pero eso era una de las cosas que más me gustaban de ella.
-Esta “cosa”.- Le dije, mientras la rebuscaba en mi bolso. Encontré el consolador negro y se lo mostré. -Lo compré especialmente para ti. Prepárate.-
La agarré de las piernas y las abrí, luego introducí el consolador lentamente en Hanna, después lo hundí del todo. Ella soltó un excitante gemido, y yo satisfecha reí.
-Nee, ¿te gusta?.- Le pregunté mientras lo movía dentro suyo. Ella no paraba de gemir, entre más gemía más ganas me daban de seguir y seguir moviéndolo rápido.
-¡¡K-kyaaahh!! ¡Eso es demasiado grande, no!.- Se quejó exhausta. -¡L-los trapos me hacen un poco de daño en las muñecas, y la cera molesta en mis pechos!. ¡Esto es extraño!- Dijo finalmente.
-Hanna-chan... esto, es solo el principio.- Empecé a reír, sabiendo lo mucho que las dos lo estaban disfrutando.
Volví a rebuscar en mi bolso, entonces saqué unas manillas y la até en la cama quitándole los trapos, pensando que quizá así le dolería menos.
-Ahora cambiaré de objeto.- Le aclaré.
Rebusqué de nuevo en el bolso, y saqué unos mini-vibradores eléctricos. Me desprendí del consolador e introducí uno de los mini-vibradores dentro de la vagina de Hanna, y el otro lo coloqué sobre su clítoris. Ella gemía y se estremecía. Un rato después de observar sus reacciones decidí cambiar de lugar los objetos y los coloqué en sus pezones, que rápidamente se tornaron duros.
-¿Te gusta esto, nee?, ¿te gusta?.- Le dije algo impaciente.
Recorrí todo su cuerpo con mis dedos, notaba como se le erizaba la piel, se estremecía con tan ligeros toques, y yo disfrutaba viéndolo y sintiéndolo.
Le comencé a lamer el clítoris, ella se estremecía sin poder controlarse. Entonces introducí dos de mis dedos dentro de Hanna. Los sofocos eran cada vez más fuertes y sus gemidos eran imparables.
-Reira... no quiero sentirme bien sólo yo...- Dijo repentinamente entonces.
Yo paré, y le pregunté...
-¿Y qué propones? - Mientras lamía su vientre sensualmente.
Con las manos le aparté la cera de su cuerpo, estaba pegada pero me excitaba aquella manual “tarea”. Cuándo limpié la zona de aquél rojizo y pegajoso material, le empecé a lamer lentamente los pezones, y a mordisquearlos. Era casi imposible... pero sus pezones se ponían aún más duros de lo que ya estaban. Estaba extasiado de poder sentir aquellas maravillas del cuerpo de su amada. Entonces le solté las manillas y me coloqué a cuatro patas sobre ella. Mi rostro estaba sobre su vagina, y el suyo bajo la mía. Ella empezó a lamer mi clítoris, luego introdujo su lengua dentro de mi orificio y la movió. Yo, sin poder controlarme empecé a gemir y a estremecerme, estaba realmente excitada.
-Nee... lo haces muy bien... ¿Dónde aprendiste?.- Le pregunté sofocadamente.
Entonces ella sacó su lengua de mi agujero y dijo...
-En verdad nunca lo hice, tan solo sigo mi instinto y hago lo que creo.- Entonces siguió con lo suyo.
Los dedos que introdujo dentro de mi vagina hicieron que casi me corriera, pero aguanté, no quise hacerlo antes que mi amada. Me lamía mientras movía más y más rápidamente sus dedos y su lengua. Metió los dedos hasta el fondo y los movió haciendo círculos, yo lamía su clítoris delicada pero rápidamente. Le introduje dos de mis dedos en su orificio y empecé a moverlos de arriba abajo y en círculos.
Finalmente lo dije...
-Hanna... ¡M-me vengo...!.- Dije, sin dejar de moverme.
-Y-yo también estoy a punto...- Aclaró entre sofocos.
Entonces solté un enorme y largo gemido, y me corrí en su boca.
-Lo... lo siento...- Me disculpé algo enrojecida. Al final terminé antes que ella, pero no dejé de mover mis dedos dentro suya...
-N-no pasa nada.- Dijo mientras se tragaba el transparente pero viscoso líquido que salió de mi vagina.
-Gracias.- Le respondí sonrojada.
En aquél momento ella se sonrojó, y empecé a lamer el líquido que salió de su clítoris, intentando lamer cada gota que derramaba.
-Hanna-chii... Está rico.- Le dije lamiéndome los labios.
Ella me sonrió. Estaba muy cansada, así que se acabó durmiendo segundos después.
A la mañana siguiente no pude creer lo que había ocurrido. La noche anterior acabé teniendo sexo con mi preciosa amada... Me giré y miré su rostro dormido, ella era preciosa... Era inmensamente feliz, esa era la situación con la que siempre soñé.
Ella se despertó, la miré y le sonreí. Entonces le di los buenos días.
-Buenos días, Hanna-chii. ¿Has dormido bien después de “aquello”?.- Me apoyé en una mano, mientras me acomodaba en la cama.
¿En verdad esto era real?, no podía creer que ella estuviera ahí... sólo para mi... sólo mía...

